.las horas matan y luego mueren.


cancelar la humedad de los ríos cruzando calles estirando arcadas. recuperar la tibieza fugaz de voces que muerden auriculares metálicos, ranuras pluscuamperfectas y bordes inocuos. lavandina, pizarrones y cerezas que explotan en territorios estériles. pez luciérnaga, empalagado de luces dando fuerte en la raíz del ojo. que sangra. que se queda agonizando en mitad de la calzada madrugadora, traspasada y de fauces abiertas.

estallar sería buena opción. creía yo.

2 comentarios:

Îgnax dijo...

   Eso... o estirar la arcada de una cintura con un difuso código postal

Nepente dijo...

hoy que salga volveran esas nostalgias.

Lord Byron

INVERSA

exorcismos sencillitos